Experiencias para ser tomadas en cuenta

 

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Cultivo de coca realizado en zanjeo

En Bolivia la hoja de coca forma parte de la cultura e identidad nacional, fuente económica para muchos pueblos e inspiración para el trabajo de los agricultores de la región de los yungas del departamento de La Paz. En la región yungueña se cultiva la hoja de coca tradicional en terrazas escalonadas que son necesarias debido a las condiciones topográficas de la zona.

A 97 Km de la ciudad de La Paz, en el municipio de Coroico se encuentra la comunidad Glorieta, donde vive un agricultor diferente es Don Pedro Socaticona Pomari quien por su particular pensamiento y forma de cultivar la coca es un ejemplo a repetir, por lo que a continuación compartimos su testimonio personal.

Don Pedro nació en la ex hacienda Colopaya, La Asunta, toda su familia desde sus abuelos son de allá, recuerda que vivía en una casa hecha de adobe y paja, en esas épocas no contaban con servicio eléctrico y usaban mecheros de Kerosene o vela, ante la inexistencia de carreteras se transitaba por senderos. Luego de algún tiempo migraron hacia Nor Yungas. En aquellos días cada sábado en la comunidad de Suapi se realizaba una feria a la cual acudían pobladores desde diferentes comunidades, su padre Antonio Socaticona solía llevar café y cítricos que vendía para luego comprar víveres y útiles escolares. Los comerciantes traían carne seca en grandes cantidades, también verduras y frutas del valle como: manzana, pera, peramota y durazno entre otros, los visitantes que venían a comercializar se llevaban coca, café, naranja, mandarina y plátano.

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Semillas en el cultivo de coca

Empezó a trabajar la tierra de forma independiente al conformar su familia, se acuerda con mucho cariño que su padre fue su guía, él le enseño a cultivar coca pero también café, así se alternaba la producción, café que cosechaban en los meses de marzo, abril y mayo, por otro lado la coca que se cosechaba cada tres meses.  Llegó un tiempo donde el comercio de café y las frutas fue bajando de precio significativamente, razón por la cual muchas familias empezaron a migrar al sector de Caranavi, allí se dedicaron a la producción de arroz y otros cafetales en mayor extensión.  El cultivo de coca poco a poco se fue volviendo interesante para los productores ya que sus precios iban en aumento.

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Pedro Socaticona Pomari narrándonos su experiencia.

El padre de Don Pedro que siempre tuvo este cultivo, lo llevaba a vender a Suapi y Coroico en sacos que pesaban treinta libras, esto se vendía a negociantes intermediarios porque no había un mercado de coca, además el comercio era muy controlado por el gobierno de esa época y con la ley 1008 no permitían la comercialización a la ciudad La Paz.  Relata que al iniciar los cultivos de coca se producía sin necesidad del uso de químicos, el control del ulo (Eloria Noyesi) y otras plagas las combatían con humaredas alrededor del cocal y otras medicinas caceras, la cantidad de ulo era poca durante todo el año y solo aumentaba en el mes de   mayo. Se corrió el rumor de que en el sector de Coripata utilizaban mochilas para fumigar con productos químicos los cuales mejoraban la producción del cocal, así que lo intentaron y para ello comprarían la fumigadora de la ciudad de La Paz al igual que los químicos -fertilizantes y plaguicidas- actividad que dio buenos resultados por un tiempo, aunque no esperaron que el uso excesivo de estos químicos pudiera crear resistencia y aumentar la incidencia de otras plagas y enfermedades.

Con mucha tristeza Don Pedro suspira y comenta “pero la coca ya no produce así no más, la presencia de ulo en el cultivo se ha vuelto constante”. Los conocimientos de Don Pedro en la agricultura fueron trasmitidos desde su abuelo, guarda las enseñanzas para seguir con sus costumbres y saberes, pero ante todo recuerda la gratitud que debe tener a la Pachamama es por ello que realiza la “juntucha”, que consiste en la ch’alla del cocal con grasa de llama más conocida como  “Untu”, vino y coca en un tari (pequeño aguayo), esta actividad la realizan cuando el cocal tiene unos ocho meses en la primera cosecha. Recuerda las palabras de su madre doña Benita Pomari “el untu se utiliza también para quitar las hojas de la planta de coca sin dañar las guías o pequeños brotes”.

Cuando don Pedro empezó a implementar su cocal visitó el sector de La Asunta, allí vio que las hojas de coca eran más grandes y decidió traer semillas para mejorar su cultivo, durante sus primeras pruebas fue seleccionando las semillas y renovando su cocal.

Posteriormente y en compañía de su amigo Mario Villca asistió a capacitaciones sobre la implementación de sistema agroforestales (SAF´s), de ahí surgió su idea de probar otras especies. Con este sistema inició su implementación hace cuatro años atrás, a partir de ese momento comenzó a probar y seleccionar otras plantas que fueran compatibles con su cultivo de coca.

En su parcela podemos encontrar plantas de mandarina y naranja, ají, locoto, achachairú, papaya, sandía (que produce en noviembre), rambután, sacha menuda (planta repelente de insectos como el ulo, metro metro y el lacato), otras plantas como tabaco, la sicuta, también tiene siquíli que le aporta materia orgánica y protege su suelo, pacay machete, mango y otros como yuca, walusa y plátano estos últimos plantados alrededor del cocal, también el maíz que le brinda alimento de autoconsumo pero igual al terminar su ciclo los restos que quedan protegen el suelo de la erosión, el jock’o polo o calabacín es una cucurbitácea que crece debajo de la planta de coca protegiendo también de la erosión.

Cuida su cocal pues espera que produzca unos treinta años, él cree que la coca no es como cualquier arbusto, es medicina y también alimento, a diferencia de otros productores que han olvidado las costumbres y los sentimientos de gratitud a la tierra, que la coca es un árbol como cualquiera que tiene que dar puesto en el suelo.

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Pedro nos muestra la hortaliza que llama jock’o , polo o calabacín que produce en su cocal.

“Con la situación económica actual la hoja de coca es una alternativa de vida, pero debemos velar por nuestra salud y alimentación y solo produciendo coca para tener dinero no es suficiente” menciona Don Pedro sabiamente.

Podríamos continuar describiendo las vivencias de Don Pedro en torno al cultivo de coca, pero sacamos de enseñanza el respeto que tiene a la madre tierra, respeto por considerar a la tierra, al agua, a los animales y a las plantas como seres vivos, si nuestro Coroico tuviera cien personas que pensaran de igual manera, seguro que no padeceríamos de los golpes del cambio climático y por supuesto tendríamos la tranquilidad de dejar un Coroico en buenas condiciones para las futuras generaciones.

Agradecemos a Don Pedro por compartir su experiencia y sus conocimientos con el personal de Caritas Coroico pero sobre todo con los técnicos del proyecto Gestión Ambiental.